En mi accionar docente, con
algunos años de experiencia, pienso y medito, primero no fui formado en
pedagogía, no obstante me tocó introducirme en las lecturas de escritores como
Piaget, Ausubel, Vigostkit, Skinrer, Freud, entre muchos otros; sin embargo, no
niego sus valiosos aportes en contribuir a la comprensión de los procesos
pedagógicos y didácticos, pero aún se carecía y se carece de un enfoque más
integrador y holístico del proceso mismo. Fue en un curso de Espiritualidad
en la Docencia, en el año 2007, que empecé a leer a Edgar Morín, con su
excelente aporte denominado, Los Siete Saberes necesarios para la educación
del futuro (1999). En este devenir, me encontré con algunos
conceptos que he vuelto a escuchar de un tiempo a la fecha, como son, la “incertidumbre”,
“caos”, “apertura subjetiva”, “místico”, “la falsa racionalidad”.
Recuerdo estas palabras o
frases, puesto que tuve que leer a Rubén Alves, en su libro La
teología como juego. Alves, rompía paradigmas en materia de cómo ver
con otros lentes la teología y de manera lozana, virtuosa y fuera de
cánones rígidos, decía que, el verdadero objetivo de la educación era crear
alegría. De igual forma Capra en su libro, Punto
Crucial, hace todo un recorrido por
el conductismo (p. 87 - 94), manifiesta las limitaciones que este modelo
presentó y sigue presentando en las aulas de clase, pues sigue arraigado y
lejos de brindar alegría, más bien dogmatiza el comportamiento. Obviando o
ignorando las “interacciones” y “dependencias
recíprocas” entre el resto del grupo y su entorno natural. En esto
David Bhom (2008), nos dice que, estos enfoques fragmentarios de la realidad,
nos está llevando a una “crisis: social, política, económica, ecológica,
psicológica, etcétera” (p. 15).
Carlos Maldonado expresa
que ahora en conocimiento no está
precisamente en el maestro, pues muchas veces los aprendientes saben más que
sus educadores. Es muy interesante ver el siguiente vídeo.
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